X CONGRESO INTERNACIONAL DE ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA
Teruel, 14-17 de Septiembre de 2010

MENTE Y CUERPO.
PARA UNA ONTOLOGÍA DEL SER HUMANO



COMUNICACIONES
Sección comunicaciones 6B

“Antropología del cuerpo y las emociones”
Coord. Oliva López Sánchez (Universidad Nacional Autónoma de México)

9,30 h. – 11,30 h.
Sala de Juntas Vicerrectorado

Análisis metafísico-noológico de la corporeidad desde el pensamiento de Xavier Zubiri: la apertura corporal.
Marco García Sierra
Documento sin título

I) Análisis metafísico de la corporeidad: La unidad psico-orgánica de la realidad humana.

Zubiri comprende la realidad humana como “esencia abierta”, como unidad física de notas constitutivas que en su copertenencia originaria constituyen un sistema [in] o estructura [ex][1] abierta a su propio carácter de realidad. La unidad sistemática o estructural no es el resultado de la adición de las notas, sino que por el contrario, las notas sólo pueden llegar a ser lo que son en tanto que ocupan una posición en la unidad coherencial primaria. Las notas son siempre “notas-de”, es lo que Zubiri denomina como “estado constructo”, es decir, las notas son constitutivamente respectivas a las otras notas del sistema. Así pues, la realidad humana es concebida como unidad física y sistemática de una constelación de notas, es una sustantividad. Ahora bien, la unidad sistemática primaria está compuesta por dos subsistemas que en cuanto tales no poseen sustantividad ni suficiencia constitucional, a saber, el organismo y la psique. <<En su realidad física sólo hay el sistema total; tanto en su funcionamiento como en su estructura real, todas y cada una de la notas psíquicas son “de” las notas orgánicas y cada una de las notas orgánicas es nota “de” las notas psíquicas. El hombre, pues, no “tiene” psique y organismo sino, que “es” psico-orgánico, porque ni organismo ni psique tienen cada uno de por sí sustantividad ninguna; sólo la tiene el sistema>>[2]. Entre la psique y el organismo hay una respectividad constitutiva que hace que la psique sea intrínsecamente orgánica y que el organismo sea desde sí mismo psíquico. Es precisamente el carácter originario de copertenencia física entre ambos subsistemas lo que los constituye como aquello que son. Así pues, la realidad humana posee una unidad estructural psico-orgánica que se mantiene tanto en sus habitudes como en sus acciones.

Pues bien, la unidad estructural psico-orgánica posee tres caracteres constitutivos: a) Por su índole sistemática cada nota ocupa una posición precisa dentro de la estructura, es decir, dependiendo de la “posición estructural” queda determinada la función de las notas. De tal modo que la unidad estructural psico-orgánica está determinada por la posición de sus notas como “organización”. Así, en esta caracterización de la unidad psico-orgánica, el organismo posee la función de organizar el sistema entero desde las notas físico-químicas. b) Por la organización sistemática de la notas, la estructura psico-orgánica de la realidad humana tiene una complexión en la que cada una de las notas, por estar determinadas estructuralmente respecto de las demás, repercute estructural y funcionalmente sobre la unidad sistemática originaria. Este carácter de la unidad psico-orgánica es lo que Zubiri denomina como el momento de “solidaridad”, por el cual, el sistema adquiere solidez. Pues bien, en este momento de respectividad de la unidad estructural el organismo tiene la función de configurar materialmente al sistema total como figura. Y esta configuración es de índole dinámica, ya que en una misma unidad se pueden poner en juego diversas configuraciones.

c) Así, una vez organizada la unidad psico-orgánica del sistema y configurada su complexión estructural, el tercer momento de respectividad del sistema consiste en la presencialidad física que éste adquiere gracias a su organización solidaria, es la actualidad de la corporeidad. <<La unidad primaria en que la sustantividad consiste tiene cuerpo en la organización solidaria de sus notas. Cuerpo es, en este problema, el momento de presencialidad física de mi sustantividad psico-orgánica en la realidad. Ese momento no es sino eso: momento. Es esa misma sustantividad en su momento de presencialidad física en la realidad. Es lo que he solido llamar momento de corporeidad. Corporeidad no significa aquí un carácter abstracto de algo que fuera cuerpo sino que es el abstracto de “corpóreo”. Y corpóreo es un carácter de la realidad humana entera, del sistema psico-orgánico entero>>[3]. La corporeidad es entendida por Zubiri como un momento estructural del “de”, es decir, de la co-pertenencia constitutiva de las notas en la cual se actualiza la unidad del sistema psico-orgánico. En este momento de la unidad estructural el organismo cumple la función de ser el fundamento material del estar físicamente presente en su totalidad el sistema psico-orgánico, es lo que Zubiri denomina como función somática[4]. Tan sólo en este momento de actualidad, de estar físicamente presente la unidad estructural, el organismo llega a “tomar cuerpo”, siendo la corporeidad la actualidad del sistema entero. La corporeidad no se opone a lo psíquico ni es reductible a lo orgánico, sino que expresa la actualidad de la unidad primaria del sistema psico-orgánico entero en que consiste la realidad humana.

Hasta aquí me he ocupado de la exposición de la unidad estructural de la realidad humana, y a continuación se abordará la cuestión de la apertura y su raigambre psico-orgánica, la cual nos mostrará el camino para el análisis noológico de la corporeidad. <<Pues bien, estos caracteres determinan el enfrentamiento radical del hombre con las cosas como reales, porque constituyen un tipo radicalmente nuevo de sustantividad: la sustantividad abierta. La realidad humana es un constructo psico-orgánico organizado, solidario y corpóreo, que en su misma organización, solidaridad y corporeidad es un constructo abierto. El hombre se enfrenta con las cosas como realidades, esto es, es animal de realidades porque es estructuralmente una sustantividad abierta>>[5]. Así, con la expresión zubiriana “animal de realidades”, se intenta de indicar el anclaje estructural que la apertura a la realidad tiene en el sistema psico-orgánico entero, aunque en este punto posea dominancia la nota constitutiva de la inteligencia. La co-pertenencia entre el subsistema orgánico y el psíquico queda plasmada en el “de” que vincula la animalidad con la apertura a la realidad, cuyo estado constructo también está presente en cada uno de los principios que constituyen la apertura a la realidad. Y es precisamente el hecho de que la apertura intelectiva radique en la corporeidad la que hace que la intelección de la realidad sea necesariamente de índole sentiente o impresiva. Ahora bien, las notas que constituyen la aperturidad a la realidad no son reductibles a la inteligencia, pues es necesario tener en cuenta los actos de atemperamiento y apropiación volitiva de las posibilidades que nos brinda la realidad[6]. No obstante, la inteligencia sentiente, el sentimiento afectante y la voluntad tendente no son comprendidas por Zubiri como meras notas sino en cuanto principios constitutivos de la aperturidad, y de esto nos ocuparemos a continuación.

El sistema psico-orgánico está estructuralmente abierto a la realidad por su índole inespecífica y transcendental, siendo estas notas no sólo constitutivas en cuanto “estado constructo” sino principios constitutivos de la aperturidad. El organismo, en cuanto sub-sistema de la realidad humana posee la función transcendental o principio exigencial de la inconclusión, es decir, demanda el hacerse cargo de la situación en cuanto realidad para poder realizarse. La realidad humana es un sistema abierto transcendentalmente a la realidad por estar estructuralmente inconcluso e indeterminado, es decir, el sistema demanda por su inespecificidad constitutiva el realizarse y determinarse en el mundo. Ahora bien, esto sólo es posible en tanto que la inteligencia nos abre físicamente a las cosas en la formalidad de realidad, o dicho de otro modo, la inteligencia consiste en abrirnos formalmente al carácter de realidad de nosotros mismos y de las cosas[7].

No obstante, la inteligencia en cuanto tal no es más que la mera actualidad de la formalidad de realidad. De tal modo que la apertura requiere de un principio que oriente en la situación real abierta por la inteligencia. Así, el principio que nos atempera y orienta en el ámbito o campo de realidad no es otro sino el sentimiento, es decir, el sentimiento afectante entona y afina nuestra unidad psico-orgánica para poder hacernos cargo de la realidad, es el principio de atemperación de la corporeidad a la realidad en cuanto tal[8]. Pues bien, la realidad humana tiene que apropiarse de las posibilidades que nos brindan nuestra propia realidad y las cosas en la situación abierta, ya que en esa apertura de posibilidades vamos a realizarnos y determinarnos[9]. Por este principio de la aperturidad el campo de realidad queda actualizado como campo de irrealidad y de libertad. Así, el sistema psico-orgánico queda determinado por estos cuatro principios estructurales de la aperturidad, es el sistema en su totalidad el que realiza de forma unitaria la acción que nos implanta realmente en el mundo[10]. Pues bien, por mor de la respectividad estructural de la sustantividad abierta, los cuatro principios se co-determinan unos a otros en la constitución de la figura que cobra la aperturidad a la realidad. Y Zubiri entiende que las esencias abiertas están primordialmente abiertas a su propia realidad en cuanto tal, constituyéndose una figura[11] o modo de ser en el mundo.

A mi modo de ver, Zubiri ha desplazado el problema de la relación entre lo mental y lo corporal a la concurrencia entre los diferentes estados psico-orgánicos en los que el hombre se encuentra en el mundo, es decir, a las actualizaciones corpóreas en el mundo. Pues es menester señalar el constante esfuerzo que Zubiri lleva a cabo a lo largo de sus obras por mantener la unidad estructural de la realidad humana, pensando la corporeidad como el estar físicamente presente el sistema psico-orgánico en su totalidad en cada una de sus habitudes y acciones en el mundo. Tal y como se aborda la corporeidad en los escritos de Zubiri, ésta queda articulada en el problema de la apertura a la propia realidad humana y las concreciones o modulaciones de la estructura de “estar en la realidad”, o dicho de otro modo, el problema radical no es otro sino determinarnos a nosotros mismos en las diversas maneras de hacernos cargo de la realidad. La cuestión central no es otra sino pensar la corporeidad en cuanto abierta físicamente a la realidad en la estructura tri-axial del sentir propiamente humano, así como la co-apertura a nuestra propia realidad y a la actualización campal de la situación real.

II) Análisis noológico de la corporeidad: la apertura sentiente y la acción de habérnoslas con las cosas en tanto que reales.

Pues bien, si en el análisis efectuado anteriormente se ha partido de las estructuras constitutivas de la realidad humana, en este punto se atenderá a la habitud de realidad y a las acciones. Pero eso sí, Zubiri entiende que las acciones humanas son tales en tanto que se fundan en la habitud de realidad, y ésta hunde sus raíces en la unidad psico-orgánica que se ha expuesto en el apartado anterior. Así, comenzaremos por ver en qué consiste la habitud de realidad: <<Inteligencia sentiente: he aquí la habitud radical propiamente humana en su enfrentamiento con las cosas. La formalidad en que quedan las cosas en esta habitud, es decir, la formalidad en que quedan las cosas en la intelección sentiente es realidad. La unidad del acto de esta inteligencia sentiente es la aprehensión impresiva de lo real>>[12]. La habitud de realidad no es otra cosa sino la formalidad en que las cosas “quedan” físicamente presentes en la impresión corporal, es la formalidad de la actualización de las cosas en el sentir. Pues bien, la habitud de realidad en tanto que formalidad en la cual “quedan” o se actualizan las cosas es de índole sentiente o impresiva, y esto es así precisamente por la unidad psico-orgánica de la realidad humana, es aquello a lo que Zubiri apunta con la expresión “animal de realidades” que se comentó anteriormente de forma sucinta. Pero en este momento lo que me interesa exponer es la co-apertura sentiente que se da en la corporeidad en tanto que principio de actualidad del campo de realidad.

En el sentir se da una unidad procesual y estructural de los tres momentos en los que Zubiri articula la apertura a la realidad y la implantación en el mundo, a saber, el momento intelectivo, el atemperante y el volitivo. Y esa unidad de la acción del sentir radica en la habitud de realidad en tanto que formalidad del sentir. <<La aprehensión de intelección sentiente, la volición tendente, el sentimiento afectante, no son sino tres momentos de una acción única: la acción de comportarse con las cosas como reales. Pues bien, esta unicidad se extiende a todos los aspectos constitutivos de la sustantividad humana; no sólo a la inteligencia, voluntad, sentimiento, hábitos, recuerdos, etcétera, sino también a las notas fisicoquímicas: metabolismo de proteínas, lípidos, transmisión sináptica, patrones de organización funcional, etc>>[13]. Estos tres momentos son notas constitutivas del sistema psico-orgánico, y en la actualidad corpórea del sistema en el mundo están conjugándose de forma co-originara en tanto que principios constitutivos de la aperturidad. Así, es en la actualidad sentiente del sistema psico-orgánico entero donde se da la co-apertura a la propia realidad y al carácter real de las cosas, o dicho de otro modo, es en el sentir corpóreo donde se actualiza nuestra propia realidad en intelección, nos atemperamos y nos apropiamos de nuestras posibilidades reales.

En estos tres momentos se actualiza la realidad en su carácter inespecífico y constitutivo, es decir, la realidad se actualiza en cuanto tal o en su transcendentalidad y no por los contenidos específicos de las cosas. <<De ahí que la unidad primigenia de la acción humana una y única sea “comportarse con la realidad”. Haciéndome cargo de ella, atemperado en cierta forma en ella, determino lo que quiero en realidad. Se trata, insisto, de una acción intrínseca y formalmente una. [...]. Por esto no se trata de una “síntesis” mental indisoluble, sino de una unidad primaria, respecto de la cual la intelección, el sentimiento y la volición no son sino tres momentos especificantes, pero en manera alguna tres acciones concurrentes en una síntesis>>[14]. Así, la apertura a la realidad no es reductible al momento meramente intelectivo, a pesar de la prioridad estructural que Zubiri le concede a lo largo de su obra y que tiene su tesis correlativa en la anterioridad estructural de la realidad sobre el ser, a pesar de su co-originariedad.

El sentir propiamente humano, es decir, en tanto que está formalmente abierto a la realidad, está estructuralmente constituido por los tres momentos de intelección sentiente, sentimiento afectante y volición tendente. Y en nuestro comportamiento con las cosas en tanto que reales, en nuestras acciones en el mundo está actualizado el sistema psico-orgánico entero en cuanto corporeidad. Aunque dependiendo de la índole de estas acciones habrá una “dominancia” de unas notas constitutivas sobre otras en la configuración del sistema psico-orgánico. El sentir es una actividad en la cual está conjugándose el sistema psico-orgánico entero, y en tanto que la actualidad de la realidad en su carácter transcendental es de índole impresiva o sentiente, podemos afirmar que la corporeidad como principio de actualidad no consiste en otra cosa sino en la apertura sentiente del sistema psico-orgánico entero. Podría pensarse que Zubiri entiende la aperturidad de la sustantividad humana desde las facultades que tradicionalmente se han denominado como “superiores”. Pero esto no es así, ya que es la inespecificidad del sistema psico-orgánico la que demanda la apertura a la realidad en cuanto tal, el estar abierto a la situación desde nuestra propia realidad[15]. La apertura responde a necesidades de índole psico-orgánica desde la inconclusión e inespecificidad estructural de la realidad humana. El hombre es el animal que está abierto a su propio carácter de “estar siendo” realmente en el mundo y de tener que afrontar los problemas en tanto que se inscriben en una situación real. El hombre está abierto corporalmente a su propia realidad en la co-actualidad tri-axial del sentir, a saber, en la acción plena de habérnoslas con las cosas en tanto que “estar siendo reales en el mundo”.

III) La corporeidad en el enfrentamiento con las cosas reales: La estructuración de los cuerpos en el mundo.

El impacto físico y noérgico de las cosas demanda la co-apertura a nuestra realidad y al campo de realidad, es el acaecimiento de la verdad real. Y como he intentado de explicar a lo largo de este escrito, la co-apertura radica en la actualización sentiente de la corporeidad. <<Finalmente, por la función de corporeidad del sistema, cada nota, según posición complexión, determina de modo diverso la actualidad, la presencialidad física del sistema. ¿Dónde? En la realidad. Por su corporeidad, la sustantividad humana tiene su actualidad propia: “está aquí” en la realidad. Tiene cuerpo en la realidad. Recordemos que cuerpo no significa aquí organismo fisicoquímico, sino el sistema fisicoquímico entero en cuanto en él “toma o tiene cuerpo” la realidad sustantiva de cada hombre. Cada hombre es un “cuerpo de realidad”. Y lo es en dos aspectos. Primero, porque esta sustantividad “está aquí”, en la realidad. Segundo, porque entonces, a consecuencia de ello, en esta sustantividad está “la” realidad en que cada hombre está; cada hombre es así el “lugar de la realidad”>>[16]. Si atendemos al segundo aspecto en el que la corporeidad es entendida como principio de actualización de la realidad, podemos afirmar que Zubiri está intentando  de pensar con la expresión de “tomar cuerpo” la apertura física del acaecimiento, es decir, el lugar de la actualización de la realidad o verdad real.

Pues bien, a mi modo de entender, en el “tomar cuerpo” o actualización del sistema psico-orgánico como corporeidad abierta sentientemente, hay una co-estructuración de las notas constitutivas de nuestra realidad y de las constelaciones de notas que constituyen a las cosas en su aparecer en el campo de realidad. La apertura al campo de realidad se da en el sentir corporalmente las cosas, es decir, en sus tres momentos especificantes de la actualización de la realidad en el sentir. De tal modo que la organización posicional y la configuración complexiva de las notas del sistema se estructuran dinámicamente en la actualización corporal. La estructuración constitutiva de los cuerpos acaece en la co-apertura al campo de realidad, en sus tres momentos co-originarios de intelección, atemperamiento y apropiación de posibilidades. Y si en el momento intelectivo del sentir nos abrimos a nuestra propia realidad y a la situación abierta en el campo de realidad. En el momento de atemperación a la situación abierta se da una co-apertura tonal a nuestra propia realidad y al campo de realidad. A mi modo de entender, la temperación o entonación de nuestra corporeidad y del campo de realidad es central a la hora de pensar la co-estructuración de nuestro sistema psico-orgánico y de las cosas en el mundo. Y esto es así porque en este momento de la apertura nuestras estructuras psico-orgánicas se afinan a la actualización de las cosas en el mundo y nos orientan para poder afrontar la situación. No obstante, es en el momento volitivo del sentir donde se determina nuestra propia realidad al apropiarnos de las posibilidades que se nos brindan en la apertura campal.

      En la co-apertura corporal a nuestra propia realidad y al campo de realidad hay una estructuración sistemática tanto de las notas que nos constituyen como de las cosas reales actualizadas en el campo de realidad, es la “dimensión estructurante del acaecimiento”. Y aunque Zubiri no ha atendido principalmente a la actualización de la realidad, ya que sus análisis se han centrado en el “estar” físicamente presente y no en la venida a presencia de las cosas ante un “quién” que habita un mundo. Podemos pensar la estructuración del sistema psico-orgánico en su actualización en el mundo en tanto que corporeidad. Pues en el estar abierto impresivamente hay una estructuración de nuestra corporeidad y de las cosas que se actualizan en el campo de realidad como constelaciones de notas con suficiencia constitucional. La corporeidad no es algo que meramente esté hay y pueda ser objetivado, sino que el cuerpo acaece y se estructura en la acción del sentir la realidad[17]. Es en la co-actualización donde cobran posición y se organizan las notas constitutivas, configurándose la unidad estructural de la realidad humana, o dicho de otro modo, en la actualización corpórea de la realidad humana se da la estructuración de la unidad psico-orgánica y del aparecer de las cosas en el campo de realidad, es la dimensión noérgica y estructurante del acaecimiento.  

 

 



[1] Inteligencia y realidad, Pág. 205.

[2] Zubiri, Xavier. “El hombre y su cuerpo”, Siete ensayos de antropología filosófica, edición preparada por Germán Marquínez Argote, Universidad Santo Tomás, Bogotá, 1982, Pág. 90. La primera publicación fue en 1973, Asclepio (Madrid) XXV.

[3] Ibíd., Pág. 93. Ver Sobre el hombre, Alianza editorial, Madrid, 1986, Pág., 62; y en El hombre y Dios, Alianza editorial, Madrid, 1984, Pág., 40.

[4] Sobre el hombre, Pág., 64.

[5] Ibíd., Pág. 65.

[6] Ibíd., Pág. 68.

[7] Ibíd., Pág., 93.

[8] Ibíd., Pág. 94.

[9] Ibíd., Pág., 94.

[10] Ibíd., Pág., 97.

[11] Ibíd., Pág., 100.

[12] Ibíd., Pág., 37. Además puede ver en las páginas 36 y 94 de Inteligencia y realidad.

[13] Ibíd., Pág. 72.

[14] Ibíd., Pág., 17.

[15] Ibíd., Págs. 74 y 85.

[16] Ibíd., Pág. 79.

[17] Valentina Bulo Vargas, <<El cuerpo está pues en el sentir y en lo sentido, sentir es justamente una juntura de los cuerpos, no como mero contacto, sino algo más. El sentir se da, en primera instancia, entre cuerpos y la verdad acontece justamente en ese entre. Este entre no excluye a los cuerpos, sino que ocupa el lugar que el cuerpo le da>> “La restitución zubiriana del cuerpo en el escenario actual de la ontología y la fenomenología”, publicado en Zubiri desde el siglo XXI, Antonio Pintor Ramós (Coord.). Publicaciones Universidad Pontificia de Salamanca, 2009. Pág. 162.