X CONGRESO INTERNACIONAL DE ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA
Teruel, 14-17 de Septiembre de 2010

MENTE Y CUERPO.
PARA UNA ONTOLOGÍA DEL SER HUMANO



COMUNICACIONES
Sección comunicaciones 6B

“Antropología del cuerpo y las emociones”
Coord. Oliva López Sánchez (Universidad Nacional Autónoma de México)

9,30 h. – 11,30 h.
Sala de Juntas Vicerrectorado

De la idea del alma al estudio de lo mental
Carlos Olivier Toledo (UNAM)
Documento sin título

1.   Introducción

Se pretende explicar cómo fue que en la segunda mitad del siglo XIX mexicano se produjo una transformación en torno a la idea del alma; si en otrora se creía en un alma trascendental, en los comienzos de la institucionalización del positivismo en México ésta  fue viviendo una progresiva transformación derivando al estudio científico de lo mental.

Aunque pequeño, el grupo de intelectuales mexicanos fue lo suficientemente fuerte como para extender las ideas o conocimientos que suponían verdades científicas; certezas que allanaban las creencias sociales e intelectuales en otrora promovidas.[1]

Entre otras cosas, es la idea de alma o espíritu promovida por los positivistas lo que generaba la alarma entre los viejos liberales como José María Vigil y conservadores. Aunque Augusto Comte no creía en el alma o psique como entidad  inmaterial, si creía en la psique como extensión del cuerpo, veía en Gall al padre de la psicología moderna. Sin embargo, aunque la materia de lógica no incorporaba a la frenología en su plan, si incorporaba una tesis muy precisa sobre lo que implicaba el estudio del alma o psique.

 

2.   Combate de los positivistas en torno a los estudios sobre el alma.

Antes de que Mill o Bain desarrollaran su idea en torno a lo psicológico revisada por los estudiantes de la Escuela Nacional Preparatoria en los textos de lógica, Augusto Comte creía que el alma estaba dividida en tres atributos fundamentales: el sentimiento, la inteligencia y la actividad. “El sentimiento inspira, la inteligencia guía y la actividad ejecuta”.[2] El sentimiento posee 10 funciones (siete egoístas y tres altruistas); creía que éste se podía comprobar en sí mismo siempre y cuando “se examinara con sinceridad”; la inteligencia o alma era dividía en cinco funciones: la contemplación concreta, la contemplación abstracta, la meditación inductiva, deductiva y el lenguaje; finalmente, la actividad era considerada en tres dimensiones: el valor, la prudencia y la perseverancia.

De modo que el alma, según Comte, estaba dividida en diez y ocho funciones, diez afectivas, cinco intelectuales y tres activas. Dichas funciones al tener correspondencia con los órganos cerebrales fijaban de un modo científico la relación entre lo moral y lo físico, la cabeza y el cuerpo produciendo el bien del hombre; de modo que “la combinación de esas funciones de varias maneras y sus diversos grados de actividad, determinan todos los estados del alma y todas sus operaciones”.[3]

Esta es una teoría positiva del alma fundada en la frenología con la que serán más o menos consecuentes los médicos Don Gabino Barreda, Porfirio Parra[4] y Luis E. Ruiz, [5] todos ellos profesores en distintos tiempos de la materia de lógica en la Escuela Nacional Preparatoria; en su discurso De la Educación Moral Gabino Barreda hace una interpretación de la educación moral desde la psicología moderna o frenología.[6] Posiblemente por las críticas hechas a Gall y la frenología, Barreda no volverá a promover tal tesis, sin embargo si sostendrá a través de los textos de lógica la idea positiva en torno a lo psicológico. Barreda encontró en Stuart Mill, la posibilidad de aprehender los conocimientos por la vía de la experimentación; con argumentos más o menos semejantes Hilario Gabilondo también derivó una crítica hacia Comte:

Rechaza totalmente la observación psicológica, es decir, la conciencia interna, en lo que a nuestras operaciones intelectuales se refiere; pero como era imposible sustraerse a considerar el medio por el que las funciones morales e intelectuales se refiere; o se verifican, recurre entonces a la frenología y el panegirista del método de la observación y de la experiencia como el único posible, establece a priori las diez y ocho funciones del cerebro.

Para Comte el cerebro es la causa y la sustancia; el espíritu es una función del cerebro; el yo es el centro nervioso. ¿Qué más podría decir un materialista? Y sin embargo, ¡los positivistas no quieren ser materialistas![7]

 

Por esto es comprensible que la incorporación de los estudios del alma tuviera que esperar hasta 1896 con Ezequiel Chávez; aunque Mill y Bain desarrollaron teorías en torno a la mente, los positivistas mexicanos no incorporaron los estudios como parte del plan; es un hecho que para 1882, los positivistas mexicanos que enseñaban lógica estaban al tanto de las diferencias entre Comte y Littré y la escuela asociacionista o del positivismo ingles representada por Mill y Bain en torno a lo psicológico; la escuela asociacionista rechazaba, no solo la idea de Comte en torno a la psique, también el instrumento para aprehender lo mental: “¿Y cuál es el instrumento que M. Comte propone para el estudio de las “funciones morales e intelectuales, en lugar de la observación mental directa que rechaza? ¡Casi nos avergonzamos de decir que la frenología!”.[8] Con todo, Comte mantenía sus dudas respecto a la frenología ya que rechazaba casi todos los órganos especiales propuestos por Gall, pero aceptaba su división general del cerebro: las inclinaciones, los sentimientos y el intelecto. Del mismo modo reconocía la subdivisión entre los órganos de la meditación y los de la observación. Sin embargo, y a pesar de sus defectos, la frenología fue la base de la que Comte partió para tratar de incorporar los estudios del alma en su fase positiva. Éste no creía que la anatomía, por si sola, pudiera dar cuenta de la cantidad y cualidad de los órganos cerebrales. Creía que sólo el método objetivo fundado en la frenología servirá para descubrir la organización de las facultades intelectuales y afectivas.

3.    Idea de psicología en los positivistas mexicanos.

En las Consideraciones acerca de la Enagenación Mental el médico Agustín Roa explica el concepto de facultad mental que se volverá la piedra angular de los estudios sobre lo psicológico.

En su primer capítulo, Roa explica los fundamentos de las facultades intelectuales; para él, se trata de saber cómo los fenómenos dinámicos, constituidos por la inteligencia, son el resultado de causas “puramente físicas; como las ideas simples o directas, las ideas complexas, los juicios, la memoria y la imaginación, son el producto de la actividad cerebral.”[9]

Considera que los actos intelectuales son fenómenos naturales que asientan sus reales en causas físicas que pueden ser estudiadas a través de la observación, la experiencia y la inducción.

Para esta tesis, el inicio del los estudios psicológicos debe estar circunscrito a las celdillas nerviosas ya que éstas “comunican a las celdillas circunvecinas y transmiten a distancia la influencia de que está animada”.[10]

Es la impresión una de las mayores cualidades que el cerebro humano posee, afirmaba Roa; debido a esta cualidad, los agentes exteriores imprimen su huella, en un estado latente, hasta que otras impresiones directamente o comunicadas por celdillas circunvecinas la hacen aparecer.

En términos generales, considera que son tres los principios necesarios para comprender las condiciones de las facultades intelectuales: la capacidad de recepción de las celdillas cerebrales para las impresiones sensoriales, su aptitud a retenerlas mucho tiempo y su automatismo espontáneo. Esto será lo que a la postre los positivistas, como Jorge Hammeken y Mexia, definirán como psicología:

 

…por psicología se entiende el estudio de las facultades mentales y morales; solo se puede afirmar que todo acto de conciencia se verifica en el cerebro, que no se verifica sin el cerebro, que deja de producirse cuando el cerebro experimenta una lesión destructiva, y que el cerebro pertenece a la fisiología. El positivista no puede concebir una función sin el órgano, como no concibe la gravedad sin un cuerpo pesante, el calor sin un cuerpo caliente, la electricidad sin un cuerpo eléctrico, la vida, la sensibilidad, el pensamiento, sin un ser viviente, sensible y pensante, fuera de esto nada se sabe.[11]

 

Es importante comprender que el alma o espíritu ha pasado a un terreno de corte fisiológico en donde lo que importa no es la idea o el intelecto como experiencias metafísicas, sino el  lugar de producción de esa idea o del intelecto; por lo tanto, el alma, en este contexto, ha adquirido carne y hues. Esto es importante porque ofrecerá un andamiaje teórico y metodológico para asir al alma o psique y los mecanismos que le subyacen.

En un tiempo hambriento de certidumbre, la corporeización del alma resultó un recurso que a la postre terminaría resignificando la concepción del mexicano, su relación consigo y con la otredad. Los estudios del alma desde la academia, derivarán en estudios sobre la inteligencia o el carácter. Para principios del siglo XX había una idea precisa sobre el significado de la psicología, promovida por el profesor de lógica Porfirio Parra:

 

…ciencia que estudia los estados de nuestro espíritu en su sucesión y enlace. La lógica tratando de dirigir la operación esencialmente intelectual necesita que la psicología le suministre datos acerca del conocimiento y sus diversas clases, lo cual es el fruto de aquellas operaciones. […] La psicología estudia los estados intelectuales independientemente del resultado a que atiendan…[12]

 

Sin embargo, ya desde 1878 Parra consideraba que las facultades intelectuales, morales y afectivas no eran otra cosa que actividades cerebrales, y al igual que Roa, creía que eran dinamizadas por las celdillas nerviosas.[13]

Esta idea será la que prosperará, a pesar de que Barreda fue quien inició con su idea de las facultades mentales inscritas en las protuberancias y depresiones craneales, supuesto que con el tiempo dejó atrás para sumarse a las ideas de los asociacionistas Mill y Bain; para 1877, el Centinela Católico afirmaba que en las llamadas ciencias biológicas se pasaba revista a todo lo referente al hombre; a sus emociones, al origen de sus ideas, al modo con que estas se desarrollan, a sus voliciones y a la responsabilidad personal del individuo.[14] La preocupación de los católicos radicaba en que se consideraba al hombre como un “compuesto de músculos, adheridos a un agrupamiento osteológico surcado por una red nerviosa, que remata en un cerebro”.[15] Para ellos, más preocupante que Mill era Bain, de él decían “si con Mill estuvimos expuestos a grandes peligros, con Bain se nos hunde en el asqueroso cieno de la irreligión y de la barbarie”,[16] debido a que sostenía, entre otras cosas, en su Logique que “todo hombre es un animal. La cabeza del hombre es un animal”.[17] Además, será desde este principio que partirá Bain para desarrollar sus estudios psicológicos. Según Boring, este filósofo representó la culminación del asociacionismo y los comienzos de su absorción en la psicología fisiológica; “su obra marca el paso de la psicología del asociacionismo empírico al experimentalismo fisiológico”.[18]

Al partir del organismo y su sistema nervioso, Bain introdujo, más que el propio Mill, una idea muy particular sobre la noción de alma que tanta tensión producirá a la psicología del siglo XX. En sus estudios sobre la psicología, Bain consideró que el punto de partida debía ser el sistema nervioso ya que la existencia de la vida psicológica dependía del primero; por lo tanto, se debía ir a las fuentes y demostrar cómo los fenómenos de la actividad mental van a injertarse sobre las manifestaciones más generales de la vida física. [19]

Aunque Mill no desarrolló una tesis propiamente psicológica como la de Bain, ambos coincidieron en que los estudios sobre el alma podían ser sometidos a la experimentación llevada a cabo en el campo de las ciencias naturales y no físicas. Siguiendo a Merani, este método comienza con las descripción exacta y completa de los hechos a estudiar, y luego, como las caracteres así determinados tienen valor desigual, pues unos son esenciales y otros son subordinados, realiza una clasificación según los caracteres constantes o dominantes, “en una palabra, el método naturalista comienza por la descripción y termina por la clasificación natural”.[20]

Siguiendo las ideas psicológicas del asociacionismo, Luis E. Ruiz, en su texto Nociones de Lógica, publicado en 1882 como una especie de síntesis del texto de lógica de Bain, iniciaba con un breve apartado dedicado a las “Nociones de psicología”; ahí definió al Espíritu “o sujeto como lo contrario de la materia, del mundo exterior o el objeto”.[21]  Para justificar la idea afirmaba que nadie podía negar, por la realidad y percepción, esa distinción; “Así es facilísimo ver la marcada diferencia que separa a una flor, que pertenece al mundo exterior, y entre sus atributos tiene la extensión, de una esperanza, un pensamiento que pertenece al Espíritu y carece de extensión”.[22] Entendiendo, según Ruiz, lo anterior será posible comprender las propiedades que posee el Espíritu; consideraba, de modo muy semejante a la teoría comteana del alma, que existían tres fenómenos espirituales, a saber: 1. Sentimientos, 2. Pensamientos y 3. Voliciones. Estos estados de conciencia[23] podían ser conocidos por la experiencia personal, por ello recomendaba hacer conciencia de un pena para reconocer la existencia del sentimiento, de una expresión hablada para acceder a la volición y del raciocinio para discernir al pensamiento.  Mencionaba que en estos fenómenos estaban contenidos todas las actividades espirituales, tales como los placeres, las afecciones, la sorpresa, el hablar o el recuerdo.

También, en su intento por explicar los procesos racionales subyacentes a las facultades intelectuales, Ruiz menciona 3 tipos de razonamiento: 1. La inferencia que no es una cualidad propiamente humana; 2. La inducción es un razonamiento que no va de un caso particular a otro, sino que proporciona la capacidad de establecer afirmaciones generales o universales a partir del particular, y 3. La deducción, razonamiento que, a partir del principio general y de la capacidad de establecer semejanza se descubren casos particulares que están contenidos en otro principio “y de este modo es como ensanchamos nuestros conocimientos por medio del procedimiento deductivo”.[24]

La explicación de estos mecanismos es importante porque poco a poco y con el tiempo se le enseñó a las generaciones de alumnos teorías seculares sobre el funcionamiento del alma. Un alma que, además, contenía cualidades propias sobre los actos de conocimiento. Al estudiante mexicano, por lo menos a los partidarios del positivismo, se le con-vencía sobre la idea de Espíritu desde la teoría psicológica del conocimiento. Era importante para el desarrollo del curso de lógica establecer el modo psicológico del conocimiento humano; de ahí la afirmación “el hombre o sujeto conoce al objeto a partir de uniformidades ya conocidas”.[25] Uniformidades producidas a partir de impresiones conservadas por la memoria. Así que “conocer un fenómeno es distinguirlo de todos los diferentes y al mismo tiempo identificarlo con los fenómenos semejantes; cada fenómeno mental tiene su idea”.[26]

Finalmente y aunque los positivistas mexicanos tuvieron un distanciamiento parcial con la doctrina de Comte desde el momento en que admitieron a la psicología en el cuadro de las ciencias, el filósofo José María Vigil  nunca les perdonó su necedad de negar la posibilidad de conocer la naturaleza del espíritu para distinguirle sustancialmente del cuerpo. De ahí que el estudio de la materia se centrara en la caracterización y en la renuncia de su esencia; con esta idea, afirma Vigil, no se resuelve “este gran problema que agita a la filosofía: el estudio del alma”.[27]

 

 

 



[1] “Un suicida”, El Siglo Diez y Nueve, México, 24 de agosto de 1876, en Clementina Díaz y de Ovando, La Escuela Nacional Preparatoria. Los afanes y los días, 1867-1910, México, UNAM, 2006, p. 72.

[2]Juan Enrique Lagarrigue, “La religión de la humanidad. Teoría positiva del alma”, Revista Positiva, 1° julio de 1902, t. II, núm. 19, p. 217.

[3] Idem.

[4] Entre los intereses del médico y profesor de lógica Don Porfirio Parra siempre estuvo la comprensión de los procesos psicológicos, las enfermedades mentales y el cerebro. Desde 1878, en su Ensayo sobre la patogenia de la locura, Porfirio Parra mostraba un interés y perfil particular sobre los procesos mentales, afirmaba:  “Pero hoy que la Fisiología […], proyectando espléndida luz en la inextricable extructura del cerebro, han lanzado al búho metafísico del último de sus refugios; hoy, decimos, es el momento oportuno de construir la patogénia de las enfermedades mentales sobre los cimientos de la Fisiología; sin recurrir para nada al precario apoyo que pudieran prestarnos las vagas concepciones de una psicología pseudo-científica; no a la desviación de las facultades del espíritu; sino a la alteración de una propiedad del elemento anatómico”; Cf. Ensayo sobre la patogenia de la locura, México, Tip. Literaria, 1878 y del mismo autor, “Las localizaciones cerebrales y la psicología, Revista de Instrucción Pública Mexicana, México, 1901, vol. 10, p. 414-445.

[5] Cobijado por la frenología, el médico higienista y profesor de lógica Luiz E. Ruiz promovió, en el Congreso Higiénico Pedagógico (México, S/E, 1882), una idea sobre la higiene en la que afirmó la existencia de inclinaciones buenas y malas; de modo que para lograr una higiene de calidad había que aprender a desarrollar los órganos de las acciones benévolas y atrofiar los de las contrarias; Cf. José María Vigil, “Revista de Periódicos”, Revista filosófica, México, t. I, 1882. Esta revista vio la luz en este año; el director y editor fue Don José María Vigil y su impresión y litografía estuvo a cargo de Irineo Paz.

[6] Este discurso se explicará con amplitud en el capítulo último dedicado a la frenología.

[7] “La lógica de Tiberghien en la Escuela Nacional Preparatoria”, La Reública, 23 de octubre de 1880, en Clementina Díaz y de Ovando, op. cit. p. 125.

[8] Ibid., p. 70.

[9] Agustin Roa, Consideraciones generales acerca de la enagenación mental precedidas de algunas nociones sobre las facultades mentales, México, Imp. El Colegio de San Antonio, 1870, p. 5.

[10] Ibid. p. 6

[11] “La filosofía positiva y la filosofía metafísica”, La Libertad, 21 de octubre de 1880, en Clementina Díaz y de Ovando, op. cit. p. 122.

[12] Porfirio Parra, Nuevos sistema de lógica inductiva y deductiva, México, Económica, 1903, p. 39.

[13] Porfirio Parra, Ensayo sobre la patogenia de la locura, op. cit., p. 12. 

[14] “El Positivismo”, El Centinela Católico, México 4ª semana de Noviembre de 1877, t. 1, núm. 23 en Clementina Díaz y de Ovando, op. cit. p. 77.

[15] Idem.

[16] “Ecos de todas partes. ¡Pobre Bain!”, La libertad, México, 16 de enero de 1878, en Clementina Díaz y de Ovando, op. cit. p. 83.

[17] Idem.

[18] Edwin Boring, op. cit., p. 259.

[19] Alberto Mérani, Historia crítica de la psicología, Barcelona, Grijalbo, 1976, p. 403. 

[20] Idem., p. 403.

[21] Luis E. Ruiz, Nociones de Lógica, México, Imp. La Libertad, 1882, p. 11.

[22] Idem.

[23] Luis E. Ruiz entendía por Conciencia el conocimiento directo de los fenómenos del Espíritu.

[24] Idem., p. 17.

[25] Idem., p. 18.

[26] Ibid.

[27] Ibid.