X CONGRESO INTERNACIONAL DE ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA
Teruel, 14-17 de Septiembre de 2010
MENTE Y CUERPO.
PARA UNA ONTOLOGÍA DEL SER HUMANO
COMUNICACIONES
Sección comunicaciones 4A
“Antropología filosófica y literatura, en torno al cuerpo”
Coord. Joan Bautista Llenares (Universitat de València)
16,30 h. – 18,30 h.
Salón de Actos Vicerrectorado
Francisco García (Universidad de Barcelona)
L'être
qui travaille dit: Je veux être plus puissant,
plus intelligent, plus hereux -que- Moi.
Valéry, Paul.
Tel Quel I. Oeuvres II. Paris: Pléiade,1960.
Abarcar la obra de Paul Valéry de manera temática
puede resultar una imprudencia, ya no sólo por su ingente producción literaria,
sino por la variedad de los temas en ella tratados. Sus libros resultan una
especie de tela de araña, de tejido, en el que todo termina por converger... ¿dónde?
¿en qué?
La propuesta de
esta comunicación es la de realizar una pequeña reflexión sobre una frase que
encontramos en Variations sur Descartes,
la cual a priori puede parecernos una mera boutade:
Parfois je pense, et parfois je
suis[1].
Sin
embargo ese apócrifo juego del poeta nos acerca a la cuestión central de este
escrito: la diferencia existente entre pensar y ser no es baladí en la obra del
escritor. Por ello recurriremos a la sentencia clásica cartesiana sobre el cogito[2] para
abarcar la relación entre el pensamiento y el ser[3].
I
Sucede que en ocasiones acostumbramos a creer que
el lógos nos acerca al ser del ente,
olvidando que tal vez puede suceder lo contrario. El lenguaje, en ocasiones en
su papel de filtro, y en otras, de enlace, es el que nos aparta de la
existencia, de la vivencia de lo auténtico como tal.
Pese a la
aparente dificultad de confundir las herramientas con la cosa, por ejemplo el cíncel
con la piedra de mármol, en cuanto al lenguaje se refiere, parece que
confundimos la cadena de signos con el significado. Así, por ejemplo Saussure[4]
recuerda la importancia de diferenciar significado y significante,
hasta que más tarde, Lacan retoma esa cuestión para hacerla parte central de su
teoría del inconsciente; señalando que el significado es siempre un significado
para otro, es decir: que no hay propiamente tal significado, que todo es
significante.
La manera que
tiene el hombre de comprender es mediante el lenguaje, y en ese sentido, el
lenguaje es una cadena significante formada en mí, y que en el caso de tener total significación, únicamente la
tendría para mí, aunque el lenguaje
sea necesariamente siempre un lenguaje para el otro[5].
Pese a la convencionalidad
del lenguaje, el cual permite las interrelaciones humanas, no hay que olvidar
cierto carácter idioléctico, sólo uno sabe aquello que significa algo para sí
mismo[6]
y pese a los intentos por demostrarle al otro lo que significa para sí,
posiblemente no hará más que terminar confundiendole y seguramente también él
mismo terminara confuso.
Cuanto
menos explicación supuestamente mayor comprensión, la importancia de una
mirada, del lenguaje corporal o del tono de voz puede resultar más importante
que la más precisa de las frases de un discurso, dada la dificultad de
disimular el lenguaje del cuerpo.
II
Siguiendo
un ejemplo utilizado por Derrida[7] sobre
el significado del la fuente en Valéry, podemos decir que el Yo, en su
fluir constante, en su, como escribe Valéry, inestabilidad,[8] se
alimenta de algo. Id est, si bien el Yo es inestable, su inestabilidad
se manifiesta en torno a las imágenes, a la comprensión que tenemos de él. ¿Y
que sabemos del Yo[9]?
De nuevo leemos en Monsieur Teste:
— “Estás lleno de secretos a los que llamas Yo.”
—“Eres
voz de tu desconocido[10].”
El
Yo es un secreto para el autor, a lo que también cabe añadir que aquello a lo
que llamamos pensamiento, esa voz, es la del desconocido que la usa. Decimos
que la voz es la del desconocido siguiendo a Valéry, y le atribuimos la cuestión
de que dicha voz se identifica con el pensamiento dado que sendas citas venían
precedidas de:
“Las «Ideas» son
para mí medios de transformación -y en consecuencia-, partes o momentos de algún
cambio.”
Aquello de lo que está hecho
el Yo son las citadas ideas, los medios de transformación, la parte, -escribe-
el momento de algún cambio. Efectivamente, nos encontramos de nuevo frente a la
cuestión de que “Yo es lo inestable”, e incluso podemos ir algo más allá: Yo se
encuentra en constante transformación y adaptación. Y en dicha metamorfosis, en
el caso de que se haya producido por las ideas que forman el Yo, cabe señalar
que sin lugar a duda, las ideas que provienen del exterior, recalan en el
interior se mezclan con la interpretación que el Yo tiene de si mismo y se
produce una especie de readaptación o reorganización[11].
ソEn
que sentido?
III
Para seguir con nuestro discurso cabe señalar la
posibilidad de la existencia de un exocerebro.
Continuando así con la cuestión de que la conciencia es algo exterior en el ser
humano, o si más no, que no hay tal cosa como una conciencia desligada del
mundo exterior; la conciencia es conciencia de aquello que nos circunda[12],
el Yo est� en el mundo, por ello es un secreto[13].
Así, escribe
Bartra sobre la hipótesis de la existencia de un exocerebro:
“
Se dice que un motor o una máquina neumática (como el cerebro en el que pensaba
la medicina galénica, animado por el pneuma “sufre” cuando se aplica a una
tarea superior a sus fuerzas. El resultado es que se para. Como experimento
mental, supongamos que ese motor neumático es un “cerebro en estado de
naturaleza”
enfrentado a resolver un problema que está más
allá de su capacidad. Este motor neumático está sometido a un “sufrimiento”.
Ahora supongamos que este cerebro neumático abandona su estado de naturaleza, y
no se apaga ni se para como le ocurriría a un motor limitado a usar únicamente
sus recursos “naturales”.
En lugar de detenerse y quedarse
estacionado en su condición natural, este hipotético motor neuronal genera una
prótesis mental para sobrevivir a pesar del intenso sufrimiento”[14].
La
capacidad simbólica del hombre (capax
symbolorum) le facilita sus movimientos por el mundo, así como la facilidad
de sintetizar y almacenar la información del entorno logra que el animal humano
se adapte sin rendirse ante el “sufrimiento” que lograría detenerle, tal como
le sucede a la máquina pneumática. Para crecer, tal como apuntaba el epígrafe,
para mejorar, uno debe querer ser más potente, inteligente, feliz... que uno mismo... crecer significa crecer
respecto a uno mismo. Aquel que cree crecer respecto a los demás olvida que en
realidad crece respecto a la idea que tiene del otro, y que como idea que es,
necesariamente es subjetiva, por lo que uno no pude crecer o mermar más que
respecto a sí mismo.
¿Pero
que es sí mismo?, ¿algo más que un secreto?
El
sí mismo que es cada uno de nosotros se des-conoce,
se pierde en el intento de atraparse; así, escribe Valéry:
“Nunca
pensamos que lo que pensamos oculta lo que somos[15].”
De
manera que, aquello que identificabamos como la respuesta a la posibilidad de
conocerse, de re-conocerse, es decir,
el pensamiento, resulta que se despliega como el responsable de la
imposibilidad de llevar a buen puerto dicha tarea.
Así,
si pensar nos oculta lo que somos ¿cómo llegar a aquello que somos?
Volvamos al principio: Parfois je
pense, et parfois je suis,
escribía Valéry. Si el pensamiento oculta aquel que somos, no sólo resulta que lógos y ser no van de la mano, sino que se contradicen dando como resultado
que el animal cuya característica es la de ser racional tendría como problema básico
dicha racionalidad a la hora de su autoconocimiento.
Si
echamos la vista atrás en las tesis irracionalistas como las de Schopenhauer
encontramos una posible respuesta, la razón está para construir un discurso
coherente que permita seguir el dictado de las pasiones de lo irracional. Es
por ello que no nos ha de extrañar que para Valéry:
“Un
pensamiento que tortura a un hombre escapa a las modalidades del pensamiento,
se vuelve otro, un parásito.[16]”
Los pensamientos deben servir al Yo en su camino
de adaptación y crecimiento, si no se comportan como puente se convierten en
enemigos, en parásitos que parece que otro ha colocado allí. A cualquiera un
tanto versado en temas que atañen a la psicología y el psicoanálisis podrían
asaltarle dos cuestiones: la angustia y su origen desde un punto de vista
lacaniano como aquello que incide en el sujeto a causa de la tríada R.S.I[17].
IV
Mientras que la sentencia de
Valéry sobre el pensamiento y el ser podía parecer una mera ocurrencia,
recurrimos a Descartes y su célebre: “Je
pense, donc je suis”. Valéry se sitúa en el otro extremo del aserto
cartesiano, para señalar que es precisamente el pensamiento el que oculta aquel
que somos; y que si bien es cierto que no hay contradicción en cuanto a la
prueba de algo tal como una res cogitans,
en realidad esa res cogitans tiene el
problema que no se sabe más que pensamiento, y pensamiento no es ser, señala
Valéry[18].
Lo más relevante de esta
cuestión es que, vista así la sentencia del Cogito
cartesiano, nos sitúa ante una cuestión de suma importancia: Je pense, donc je suis, señala la
existencia del pensamiento, es decir, del lenguaje, por lo que en realidad, el Cogito cartesiano mediante su afirmación
supuestamente de la res cogitans en
realidad lo que hace es introducir la figura del otro.
La existencia del pensamiento requiere la del
lenguaje, y no hay necesidad de lenguaje más que para relacionarnos con el
afuera, con el otro, no hay necesidad de dios para afirmar el mundo, el Otro[19].
La sentencia de
Valéry tiene una actualización en Lacan, el cual desconozco si llegó a
escribirla tras leer a su compatriota. La cuestión es que pasada la mitad del
siglo XX Lacan replicó también a Descartes en la linea de Valéry:
“Je pense où je ne suis pas, donc je suis où
je ne pense pas”[20].
La siguiente cuestión que nos sale al paso al
citar a Lacan es la del Implexo al
que Valéry alude constantemente en La
idea fija. Esa inmediatez carente de Presente, Pasado y Futuro, tiempos
centrados no tanto en aquello que se le atribue al verbo, es decir: la acción;
sino en la capacidad. El Implexo, escribe Valéry, es lo inmediato.
Tal como acabamos de señalar
en Lacan, soy allí donde no pienso.
Y ¿entonces, qué soy?
Así que de nuevo, surge la
pregunta un ápice retocada, entonces, ¿quién soy?
El lenguaje
alberga aquello que ofrezco al otro y que el otro me ofrece a mí, aquello que
niego al otro y que me es negado por el otro. Por ende, el pensamiento, forjado
a base de lenguaje contiene en sí mismo esas carencias esos límites. Es decir,
pensamos para entender aquello que no nos cuadra, en un sentido valeryano:
El YO es la respuesta a cada incoherencia
parcial -que es excitante[21].
El Yo se manifiesta mediante
el lenguaje para reivindicar ya sea un idéal
de moi o un moi idéal. Eso se
pone de manifiesto en situaciones extremas o -como refleja la cita anterior-
excitantes. Valga como ejemplo la risa nerviosa que anuncia un:
—Yo no me
río... (mientras esboza una sonrisa) o la reivindicación furibunda tras un acto
violento en defensa propia en el que aquel que lo ha llevado a cabo se defiende
con un: —Yo no utilizo nunca la violencia (cuando acaba de hacerlo). El
Yo debe adaptarse para poder sobrevivir, para ser más inteligente, más
competente.
En definitiva,
la única manera de ser Yo es dejar constantemente de ser Yo para poder seguir
siendo Yo.
Respondemos al demonio al que
alude Valéry:
Y el Demonio le dice: Dáme una prueba.
Muestra que eres aún el que has creído
ser[22].
Al final, la
propuesta de Valéry, así como la de Lacan nos lleva a aceptar que no somos más
que cuerpo, cuestión harto compleja y que nos empujaria a otra pregunta:
¿Qué es el
cuerpo?
Francis García
Collado julio 2010.
[1]El “je” al que alude Valéry no es más que el yo de la enunciación en
el más claro sentido cartesiano, por lo que no cabe atribuirle las propiedades
de un yo trascendental. Sobre esta cuestión: Sartre, J. P. La transcendance de l'ego. Paris: Librairie philosophique J. Vrin.
1966. La cita se encuentra en Valéry, Paul. Variations
sur Descartes. Tel Quel I. Oeuvres II. Paris: Pléiade.
[2]Nos referimos al clásico Je
pense, donc je suis de Descartes.
[3]“Ser” se refiere en este escrito a una
cuestión ontológica, por lo que deberemos entender “ser” como existir en el
sentido del Dasein heideggeriano.
[4]Saussure, Ferdinand. Curso de
lingüística general. Buenos Aires: Losada, 2007. (412 páginas).
[5]La inexistencia de lenguaje en estado salvaje de lo que se acostumbra
a calificar como “niños salvajes” pone de manifiesto que el lenguaje es un
medio para relacionarnos con el otro, que sin el otro no hay necesidad de
lenguaje.
[6]Si seguimos las teorías sobre el inconsciente esto no sería tan claro,
en realidad no tan siquiera uno mismo sabe lo que algo significa en sentido
lato para uno mismo.
[7]Derrida,
Jacques. Márgenes de la filosofía. Madrid: Cátedra, 4ª edición 2003.
(376 páginas).
[8]Valéry, Paul. Monsieur Teste. Madrid: Visor, 1999. (p, 69). Escribe Valéry: “-Yo
soy lo inestable.”
[9]Para entender la importancia del Yo en
Valéry basta con señalar que encontramos 320 páginas dedicadas al Ego y Ego escriptor en la que es su gran obra: Valéry, Paul. Cahiers, tome I. Paris: Gallimard 1973.
(1492 páginas).
[10]Op. Cit. (p,72).
[11]El paso de percepción-impresión-idea en Hume resulta práctico en este
punto.
[12]Resultan interesantes al respecto las obras de Paul Ricoeur y Jean
Pierre Changeux Lo que nos hace pensar.
Barcelona: Peninsula, 1999, (285 páginas). y la de Roger Bartra. Antropología del cerebro. Valencia:
Pre-Textos, 2006. (236 páginas).
[13]Leemos en Sartre J. P. Op. Cit. (p, 10): “Nous voudrions
montrer ici que l 'Ego n'est ni formellement ni matériellement la conscience:
il est dehors , le monde; c'est un être du monde, comme l'Ego d'autrui.”
[14] Bartra, Roger. Op. Cit. (p, 22).
[15]Valéry, Paul. Op. Cit. (p,
30).
[16]Valéry, Paul. Idea fija. (p,
17).
[17]Para Jacques Lacan la causación del sujeto se debe al nudo producido
por lo Real, Simbólico y lo Imaginario.
[18]Valéry, Paul. Op. Cit. “¿Hay
algo más inventivo que una idea encarnada y emponzoñada cuyo aguijón empuja la
vida contra la vida fuera de la vida?” es el pensamiento, para el escritor,
algo que empuja la vida contra la vida fuera de la vida.
[19]Derrida señala ese giro que realiza Heidegger respecto a la metafísica
tradicional cartesiana, según el cual el pensamiento implica la exsitencia de
la palabra y no al revés: Voilà l'ordre
que Heidegger oppose à la métaphysique: « Ce n'est qu'autant que l'homme parle
qu'il pense et non l'inverse, comme la Métaphysique le croit encore (Doch nur
insorfen der Mensch spricht, denkt er; nicht umgekehrt, wie die Metaphysik es
noch meint). » en Derrida, Jacques. Psyché. “La main de Heidegger, (Geschlecht II)”. Paris: Galilée 2003. (p,
49). (306 , páginas).
[20]Lacan, Jacques. Escritos. “La
instancia de la letra”. Madrid: RBA, (p, 498). Además señala: No soy, allí
donde soy el juguete de mi pensamiento; pienso en lo que soy, allí donde no
pienso pensar.
[21]Valéry, Paul. Op. Cit. (p,
70).
[22]Valéry, Paul. Monsieur Teste.
(p, 73).